Estereotipo mujer prostitutas trabajando en la calle

estereotipo mujer prostitutas trabajando en la calle

He estado en Rusia y estaba llena de prostitutas, y sin embargo, todas las mujeres trabajaban, pero lo hacían por lo superfluo, por el consumismo que fascina siempre, sobre todo a quien no lo tiene. Lo hacen para tener unas medias bonitas, el vestido de moda, para ir a los hoteles lujosos sólo para extranjeros, donde ni siquiera pueden entrar. Tengo que confesar que, incluso al principio, iba a trabajar con gusto. Solemos ver a las prostitutas como unas desgraciadas, marginadas y desamparadas, y nos negamos a admitir, nos escandaliza, que las prostitutas puedan experimentar una serie de placeres en el ejercicio de la prostitución.

Carla reconoce la existencia de estos placeres y habla de ellos. Señala la sensación de riesgo, que le excita, el placer de la transgresión y el de sentir poder o dominio sobre los clientes, sobre todo durante la negociación del precio del servicio.

Ante esto, a Carla le atemoriza y produce ansiedad pensar en el futuro e insiste en la necesidad de que las prostitutas aprendan a ahorrar para enfrentar su vejez. Solemos tener, configurar y necesitar una imagen estereotipada de las prostitutas, en virtud de la cual son víctimas de sí mismas, de la sociedad y de los hombres 14 , unas perdedoras, unas desventuradas de quienes compadecerse. Pero esta imagen es eso: De hecho, Carla, como otras prostitutas, no se amolda a ese tópico: Evidentemente he sufrido por las dificultades de la vida, pero como todos.

No quiero ser víctima de estos sufrimientos: Para ella la prostitución es un medio para alcanzar y mantener su libertad, su autonomía, su independencia. Es un medio que le permite eludir el papel tradicional de esposa y madre, así como su dependencia económica con respecto a un varón.

Esta falta de amoldamiento al estereotipo conturba a los prejuiciadores. Por otra parte, su realidad y sus posiciones con respecto a la prostitución resultan opuestas y provocadoras con respecto a la concepción que muchas feministas tenían de la prostitución y a sus posicionamientos sobre ésta. Las feministas tenían de las prostitutas la imagen de unas mujeres excluidas y malhadadas, que se han visto forzadas por las circunstancias a ejercer la vil prostitución, de quienes esperaban que entonasen un mea culpa por vender su cuerpo a los hombres, que se mostrasen arrepentidas por lo que hacían y que quisieran dejar de hacerlo.

Pero Carla, Pia y muchas otras prostitutas desbaratan esta imagen: Las feministas no aceptaban esta posición: Elegí hacerlo, nadie me ha obligado, me gusta, quiero seguir haciéndolo porque es un oficio que me va bien Carla ni muestra arrepentimiento por trabajar de puta ni quiere ser redimida por ello. No se presenta como víctima y el trabajo sexual que desempeña para vivir lo hace porque quiere, en la misma medida o con los mismos condicionamientos en su elección que pueden tener otras muchas personas a la hora de conseguir un trabajo con el que ganarse la vida.

El libro de Carla Corso y Sandra Landi escandaliza porque problematiza los estereotipos que discursos de uno u otro tipo, tanto moralistas como feministas, han establecido sobre el mundo de la prostitución.

Carla no nos presenta la historia de una mujer marginal e infeliz, apenada por lo que hace, sino que se presenta como una mujer que ha escogido lo que hace y que, gracias a los recursos que su trabajo le proporciona, vive felizmente, disfruta de la vida. No quiero concluir el presente texto sin antes disipar tres posibles malentendidos que hubiesen podido suscitarse a tenor de lo dicho hasta aquí. Carla se sabe, de hecho, diferente y, como ella misma recoge en su relato, hay muchos tipos de prostitución 16 recordar esta diversidad es, en parte, una de las intenciones del presente texto.

Carla reconoce no ser representativa de cómo son, qué desean y qué hacen muchas prostitutas; se reconoce diferente de las otras prostitutas, quienes también la ven a ella como distinta De hecho, Carla también padece y nos relata los aspectos negativos de su experiencia prostitucional, la violencia sobre todo.

Nos narra sus males, lacras y peligros. Señala que lo peor del ejercicio de la prostitución no es la venta del cuerpo y la supuesta enajenación que ello conllevaría. Otro aspecto especialmente desagradable de la prostitución es el desprecio social con que se trata a las prostitutas. Lo que a éstas les impide relacionarse con cierta normalidad con personas conocidos, amigos, etc.

Son los otros quienes, en gran parte, obliteran a las prostitutas las posibilidades de vínculo social y no ellas mismas. Lo que en parte me ha interesado ha sido mostrar, también en los modos prostitucionales, las capacidades de lucha de las mujeres, mostrarlas como sujetos activos capaces, dentro de sus condicionamientos y posibilidades sociales, de luchar por su libertad. La vida de Carla es sobre todo la historia de una conquista de libertad y de una negativa a renunciar a lo que se desea y a asumir las renuncias que la asunción de los papeles femeninos heterónomos conllevan.

Libertad que se conquista muchas veces contra las cadenas que, de uno u otro modo, los hombres su padre, sus patronos, los proxenetas, sus clientes, etc. En esta línea, pueden leerse en castellano y resultan asequibles, entre otros: La invasión de los instintos vegetativos y de las bajas pasiones es tal que las facultades superiores terminan embruteciéndose.

Confunden lo verdadero con lo falso, lo malo con lo bueno, lo bello con lo monstruoso. En la prostituta activa no cabe hablar de generosidad en sentido propio, sino de degeneración caracterial. Es pesimista, fatalista, supersticiosa y vive de mitos novelescos alimentados por una imaginación a veces desequilibrada.

Entre su padre y su madre existía una relación de amor-odio y de víctima-verdugo. Ahora, sin embargo, estaba casada con un hombre bien y completamente normal, pero ella no soportaba la vida normal, la cotidianidad digamos. No tenía ninguna necesidad de prostituirse. Se prostituía para salir, para ser libre, para vivir en los hoteles, para vivir al día Follaba gratis sólo con los americanos negros.

Iba frecuentemente a las bases militares americanas para conocer gente nueva, para socializar. Eran mujeres como yo, sólo que hacían otro trabajo. Yo también tenía esa posibilidad: Estaba rígida, y la cosa terminó en treinta segundos: Él me dio el dinero, y después volvió a buscarme, pero no a follar, no; me trajo un regalo Descubrí cómo estaba hecho mi cuerpo. Era una cosa estupenda. Descubrí que, hasta ese momento, los hombres se habían limitado a usar mi cuerpo.

Así que comencé a decidir. No se tiene la posibilidad de filtrar a los clientes, muchas llamadas no se concretan en citas las realizan por curiosidad o para insultar, se cambia de idea y no se acude a la cita concertada , hay que estar pendiente del teléfono, se producen llamadas intempestivas. Hacer que el cliente eyacule antes de follar: Apenas llegan, los tienes que masturbar un poquito para que tengan una erección. Haces que se corra así.

Él no tiene que saber que lo has hecho a propósito para que llegue al orgasmo. Bueno, hago un poco de teatro, y ellos se convencen, se quedan convencidos de que han tenido una relación anal.

Pagan bien y yo les engaño. Quiero poder comer bien, dormir cómoda, pagar a la mujer de la limpieza, tener un bonito coche, joyas, viajar. Después sólo tienes que salir dos horas y siempre consigues juntar algo. No tienes que esperar a final de mes, no tienes que esperar a que te acaben de pagar, es un dinero que tienes antes, antes de trabajar, y lo puedes ganar cuando quieras, por la mañana, por la tarde, a cualquier hora del día.

Así que, pongamos que tenga cien mil, las gasto tranquilamente, porque sé que aunque sean las doce de la noche Sobre los mecanismos y procesos de victimización de la prostituta, resulta de interés consultar James Posteriormente, en los años setenta con Priscilla Alexander y durante los años ochenta con Gail Pheterson véase, por ejemplo, El prisma de la prostitución , algunos sectores del movimiento feminista reorientaron sus planteamientos.

Era entrenador y 'stripper'. También es complicado hablar del placer de la prostituta porque, para muchas feministas, esto supone desandar el camino anterior para librarlas del estigma de pecadoras. Por otro lado, ellas pueden tener vergüenza a la hora de confesar cosas así, y hasta es difícil pedir para este tipo de estudios la aprobación de los comités éticos de las universidades.

Una especie de síndrome de Estocolmo que no puede ser llamado auténticamente placer. Veremos que las cosas son Los nombres de estas mujeres son alias que ellas eligieron, así que no se hacen publicidad por el hecho de aparecer en el estudio. Kate treinta y pocos solo había trabajado unos meses como trabajadora sexual cuando participó en estas entrevistas, para pagar sus deudas antes de quedarse embarazada.

Con anterioridad había tenido problemas para experimentar placer con sus parejas masculinas, porque le daban "miedo" y "se tenía que obligar a sí misma" a hacerlo. Pensó que iba a ser similar y que odiaría cada segundo, pero para su sorpresa su primer cliente le resultó "muy atractivo".

Casi no podía aceptar el dinero". Los siguientes no fueron una lotería semejante, pero del siguiente dice que era "muy dulce y encantador" y que estableció con él una "amistad fabulosa".

Dijo a Smith que prefiere a hombres, sobre todo a trabajadores manuales. Prefiere no contarle a sus novios esta parte de su vida. Como Kate, Melina esperaba "hombres asquerosos y daños psicológicos" y se encontró con que en el burdel donde trabajaba era posible experimentar placer con ellos y llegar al orgasmo. Melina coincide con Kitty: Kitty es estudiante de arte, tiene treinta y pocos años y lleva en distintas actividades del sector desde que tenía Para April , que llevaba diez años ejerciendo en el momento de la entrevista, hay muchas cosas que los trabajadores sexuales pueden aprender de su propia sexualidad.

Ella marca mucho las diferencias entre el sexo que vive en el trabajo y en sus citas personales: En mi vida personal estoy espiritual y emocionalmente dispuesta a abrirme físicamente de otra forma con mi compañero". El amor profundo lo cambia todo , y dice que aunque las acciones puedan parecer las mismas, sus motivaciones y deseos son muy distintos, porque busca el compromiso con la otra persona. Sara , como Kitty, también ha querido liberarse de las creencias morales sobre sexualidad que preocupan a otras prostitutas.

Se supone que las mujeres no deben ser promiscuas, que deben "ser monógamas y sentirse mal al practicar el sexo con otras personas ". Cuando la entrevistaron vivía con su pareja masculina y con una compañera de piso. Cuida mucho su salud, su forma física y su alimentación. Hasta que no me pongo mi pijama y dejo de oler a perfume no me siento en mi piel. La lencería es como un uniforme de trabajo. Algunos de sus clientes llevan con ella desde que empezó. Han estado conmigo durante sus divorcios, la muerte de su mujer Me he convertido en algo muy parecido a familia para ellos".

Ella ha construido un personaje en su trabajo y dice que no se trata de ser sexy sino de " manipular a los hombres ". En lugar de crear un estereotipo de trabajadora sexual, tras estudiar y reflexionar: Parezco muy joven y soy muy mona, así que traté de ser la típica chica de al lado. Siempre visto de forma conservadora y llevo un maquillaje muy mínimo". El caso de Lilith es similar al de Samantha.

estereotipo mujer prostitutas trabajando en la calle Distingue distintas formas o modalidades de prostitución, condiciones y realidades muy diferentes, algunas opuestas entre sí: Pero en mi caso, la causa principal, lo que me empujó a prostituirme no ha sido sólo el dinero sino fundamentalmente el rechazo a las reglas fijas. Observo a Marga, a unos cincuenta metros de mi posición. También han contado sus características. Se trata de un espacio complejo en el que el discurso de prostitutas para mujeres soy puta porque me encanta y sumisión se mezclan. Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Muchas se pasean con un botellín de agua mineral entre las manos.

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Me cuenta todo esto mientras cenamos en compañía de otra prostituta, Antonia nombre supuestoe Isabel Holgado, una antropóloga que trabaja en LICIT, la organización catalana que da apoyo a las putas y que lucha por la regulación del sector. Misère sexuelle et prostitution 19e siècle. En los pisos dependes de cómo le caigas a la gobernanta y has de entregar la mitad de lo que ganas. Cambridge, Cambridge University Press. Y hay consumidores para todos los gustos. Por qué se recurre a la prostitución: Después buscamos por la zona a una menor que alguien ha visto durante los días pasados.

Cuando murió mi marido, su familia quiso quitarme a la niña y me llevó a juicio. Pero el informe médico-forense me dio la razón a mí. Decía que Salma tenía, a mi lado, todo lo que necesitaba una niña. Yo he visto casos de mujeres a las que los servicios sociales les han quitado a sus hijos y les han destrozado la vida.

Yo me levanto por las mañanas y lo primero que veo es su sonrisa. Forma parte de mi vida como yo formo parte de la suya. Y la educo en el respeto a todo el mundo. Me cuenta esto en el metro , donde nos dirigimos al Raval para dejar a la niña en casa de una amiga de Marga.

El vagón va medio vacío, de manera que nos sentamos juntos, en un asiento de tres. Salma se coge a su madre con una mano y sujeta el patinete con la otra. Marga se quedó viuda del padre de Salma hace dos años. Viven separados, pero a veces Marga se queda a dormir en la casa de él, o al revés.

Se trata de una historia de amor bien curiosa porque se conocieron cuando Marga tenía 14 o 15 años y él 18 o Entonces, Marga trabajaba en la casquería de la Boquería, pero pertenecía a un grupo de voluntarios que dedicaban el tiempo libre a ayudar a personas dependientes.

José, su novio actual, pertenecía también a ese grupo de voluntarios, y se conocieron realizando esa actividad. Como tenían preocupaciones comunes, hablaban mucho.

Con el tiempo, cada uno se convirtió en el amor platónico del otro. Durante todos estos años, supe que llamaba a casa de mis abuelos para preguntar por mí. No es que si le pidiera ayuda no me la diera, pero quiero salir adelante por mí misma.

Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Todos los hombres con los que he estado han sabido a qué me dedicaba. Siempre he tenido el privilegio de no esconderme, que es lo normal en mi profesión. Marga perdió a sus padres en un accidente de automóvil cuando tenía 10 años. Se educó con sus abuelos, que aceptaron su decisión de hacerse prostituta. Me dijeron que tuviera cuidado de adónde iba y de por dónde me movía. Y que siempre tendría su casa abierta. Yo, al principio, llamaba a mi abuela y le decía: Siempre prevaleció el amor que nos teníamos.

Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval.

Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas. Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay. Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean.

Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades. La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona.

Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta. Todas se muestran preocupadas por la situación del sector.

Cada una relata las experiencias que ha tenido en sus visitas a las esquinas o a los pisos a los que acuden para concienciar a las chicas de la necesidad de utilizar preservativos, de defender sus derechos, de denunciar los casos de malos tratos o la existencia de menores. Unas pasean y otras permanecen sentadas en sillas. Algunas forman grupos y otras permanecen solitarias. Nuestra llegada es bien recibida. Les damos condones y lubricantes y folletos. Olimpia, la cubana, se presenta a todas diciendo:.

Si necesitas abogado, médico, llama a este teléfono. Después buscamos por la zona a una menor que alguien ha visto durante los días pasados. Siempre que ven a una menor, avisan a la policía porque cerca de ella hay, casi con toda seguridad, alguien que la controla.

De ser así, se ocupan de que se lleven a la menor y a la controladora en distintos furgones. No damos con ella. En la ronda de San Antonio, las prostitutas se cuentan por decenas. Todas se quejan de la falta de trabajo. Muchas llevan tres o cuatro horas sin hacer un solo servicio. Olimpia saca el móvil y llama a alguien.

Luego queda con ella para llevarla el miércoles al médico. El miércoles vengo y te llevo al médico. Intentaremos que no te cueste nada. Y así vamos, de esquina en esquina, hasta que se nos acaban los preservativos y los folletos. Pasan de las dos de la tarde. Marga va a trabajar ahora en esa misma calle, pero le propongo que comamos algo primero, de modo que nos sentamos en la terraza de un bar y pedimos unas raciones. Marga ha salido de casa vestida para hacer la calle, pero no lleva nada realmente escandaloso.

Simplemente va un poco ceñida. Ya hemos dicho que no vende magia ni fantasías venéreas, vende sexo cotidiano y conversación.

Durante la comida, me habla de las extranjeras. Aquí, en un McDonalds puedes comer por tres euros. A ver qué le cuentas a una persona que te dice eso, o que te dice que su madre la puede vender. Estas mujeres tienen que aprender mucho, muy deprisa, y no perder la razón en el proceso. Cuando terminamos de comer , hace un gesto de: Le pregunto si no se pinta un poco, pues va con la cara lavada, y me dice que sí, que se pinta en un bar que hay allí cerca. De camino hacia la esquina en la que suele colocarse, nos tropezamos con una compañera que toma café en una terraza en compañía de un hombre.

Hacen unas presentaciones un poco ceremoniosas y, tras despedirnos, me cuenta que el hombre, un sujeto mayor, la ha retirado. Cuando llegamos a su esquina, donde hay una sucursal de La Caixa, yo me siento a la mesa de una terraza y pido una infusión mientras ella se mete en el bar para "arreglarse".

La verdad es que sale casi igual que ha entrado, con un poco de color en los labios y en las mejillas. Nos hacemos un gesto de reconocimiento y se va a su esquina. Cerca de mí, alrededor de un banco, hay un grupo de rumanas, entre las que se encuentra la chica embarazada de la mañana. Son jóvenes y muy alborotadoras.

Alivian el aburrimiento con risas y bromas. Muchas se pasean con un botellín de agua mineral entre las manos. Otras se comen furtivamente un bocadillo. Hay una, un poco alejada, mordiéndose las uñas.

Observo a Marga, a unos cincuenta metros de mi posición. Pasea con el aire casual de las putas de un lado a otro de la esquina. A ratos habla, o finge hablar, por el teléfono móvil.

Pasa cerca de ella un tipo con una bolsa al que le dice algo. Él se detiene y conversan. Luego llega la Policía Municipal para retirar un coche mal aparcado y Marga lía la hebra también con ellos. De hecho, pasan casi dos horas sin que caiga ninguno. La tercera ola, que suscribe Smith, cree que el trabajo sexual puede ser seguro o peligroso, liberar o explotar, ayudar a perpetuar relaciones de poder injustas o todo lo contrario.

No me lo creía. Era entrenador y 'stripper'. También es complicado hablar del placer de la prostituta porque, para muchas feministas, esto supone desandar el camino anterior para librarlas del estigma de pecadoras. Por otro lado, ellas pueden tener vergüenza a la hora de confesar cosas así, y hasta es difícil pedir para este tipo de estudios la aprobación de los comités éticos de las universidades.

Una especie de síndrome de Estocolmo que no puede ser llamado auténticamente placer. Veremos que las cosas son Los nombres de estas mujeres son alias que ellas eligieron, así que no se hacen publicidad por el hecho de aparecer en el estudio. Kate treinta y pocos solo había trabajado unos meses como trabajadora sexual cuando participó en estas entrevistas, para pagar sus deudas antes de quedarse embarazada. Con anterioridad había tenido problemas para experimentar placer con sus parejas masculinas, porque le daban "miedo" y "se tenía que obligar a sí misma" a hacerlo.

Pensó que iba a ser similar y que odiaría cada segundo, pero para su sorpresa su primer cliente le resultó "muy atractivo". Casi no podía aceptar el dinero". Los siguientes no fueron una lotería semejante, pero del siguiente dice que era "muy dulce y encantador" y que estableció con él una "amistad fabulosa". Dijo a Smith que prefiere a hombres, sobre todo a trabajadores manuales. Prefiere no contarle a sus novios esta parte de su vida.

Como Kate, Melina esperaba "hombres asquerosos y daños psicológicos" y se encontró con que en el burdel donde trabajaba era posible experimentar placer con ellos y llegar al orgasmo. Melina coincide con Kitty: Kitty es estudiante de arte, tiene treinta y pocos años y lleva en distintas actividades del sector desde que tenía Para April , que llevaba diez años ejerciendo en el momento de la entrevista, hay muchas cosas que los trabajadores sexuales pueden aprender de su propia sexualidad.

Ella marca mucho las diferencias entre el sexo que vive en el trabajo y en sus citas personales: En mi vida personal estoy espiritual y emocionalmente dispuesta a abrirme físicamente de otra forma con mi compañero". El amor profundo lo cambia todo , y dice que aunque las acciones puedan parecer las mismas, sus motivaciones y deseos son muy distintos, porque busca el compromiso con la otra persona.

Sara , como Kitty, también ha querido liberarse de las creencias morales sobre sexualidad que preocupan a otras prostitutas. Se supone que las mujeres no deben ser promiscuas, que deben "ser monógamas y sentirse mal al practicar el sexo con otras personas ". Cuando la entrevistaron vivía con su pareja masculina y con una compañera de piso.

Cuida mucho su salud, su forma física y su alimentación. Hasta que no me pongo mi pijama y dejo de oler a perfume no me siento en mi piel. La lencería es como un uniforme de trabajo. Algunos de sus clientes llevan con ella desde que empezó. Han estado conmigo durante sus divorcios, la muerte de su mujer Me he convertido en algo muy parecido a familia para ellos".

Ella ha construido un personaje en su trabajo y dice que no se trata de ser sexy sino de " manipular a los hombres ". En lugar de crear un estereotipo de trabajadora sexual, tras estudiar y reflexionar: Parezco muy joven y soy muy mona, así que traté de ser la típica chica de al lado.

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